Voluntad de vivir

Publliqué esta anécdota en la revista del INSEN hace ya muchos años, a pesar de lo cual considero que es un tstimonio vigente por lo que voy a compartirla con ustedes.

Ricarda era una mujer enjuta, de estatura baja, con un carácter firme y decidido, bien parecida, que entró a trabajar conmigo como lavandera cuando tenía 70 años. Me resistí a contratarla hasta que me dijo que no la hiciera yo a un lado por vieja. Vivía por la salida de Puebla de donde se desplazaba hasta Ciudad Satélite donde estaba mi casa y llegaba con toda puntualidad a las 7 de la mañana. Para esa hora ya tenía que estar fuera la ropa y detergentes.  A las 5 de la tarde se iba dejando planchada y lista la ropa de 6 personas.

Pasaron varios años y a mí me preocupaba el tiempo que le llevaba desplazarse y el esfuerzo de lavar tanta ropa (tenía lavadora), por lo que le propuse mandarle cada 15 días una despensa, cubrir sus gastos médicos y darle un extra para lo que necesitara, a cambio de que viniese a vigilar mi casa (hijos y empleadas domésticas) cuando yo saliera de viaje y así seguimos nuestra relación.

Todo marchó bien hasta que un día me avisaron sus vecinas que se había caído y no podía moverse. Llevé un médico para que la revisara y dijo que le quedaba poco tiempo, tres meses a lo sumo.  Para entonces yo me había cambiado a una casa con muchas escaleras, viajaba mucho y no tenía ayuda doméstica, por lo que no podía llevarla conmigo. Conocía yo a una persona en el grupo del recién estrenado presidente, por lo que propuse a Ricarda llevarla a un asilo oficial donde la tratarían muy bien.  Me contestó: Señora Mary, usted me está dando solución para un gobierno ¿y después qué?, ante lo que me quedé muda. Ella tenía 96 años.

Finalmente la llevé a un asilo particular a Cuernavaca para que viviera sus últimos tres meses como una reina. ¡Vivió hasta los 102 años, lúcida, caminando con bastón  y tejiendo carpetas de gancho que yo le compraba para que ella sintiera que seguía ganando dinero! ¡Eso se llama voluntad de vivir! ¿Conocen ustedes a personas tan determinadas a seguir siendo productivas hasta más allá de los 100 años?

4 pensamientos en “Voluntad de vivir

  1. por un instante, al inicio de la lectura, pensé que te referías a Ricarda, la que trabajaba en casa de mi papá en Echegaray, cuando yo tenía siete años… me regresaste, con los recuerdos, a esos tiempos.., jajajaja

    • Por supuesto que estoy hablando de la misma persona. . Se trata de la misma viejecita encogida, rígida y demás, honrada y fiel hasta el final. Ahora ya sabes qué fue de ella. Qué gusto que escribas para que las personas se enteren que lo que escribo está basado en la realidad, Claro que digo: El otro día, Hace un tiempo, unos amigos, etc., para generalizar.
      El pasado está ahí, dentro de nosotros, no podemos cambiarlo y si podemos mirarlo con otra óptica. Rescata todos los momentos positivos que viviste en tu infancia y atesóralos, los que no sean gratos, manéjalos con los lentes del conocimiento y de la gran mujer que eres hoy..Hasta pronto. María .

  2. EL que da recibe , así como ella tuvo la voluntad de buscar una oportunidad para ser útil y feliz , y dar lo mejor que tenía , recibió las manos amables y el corazón abierto de una gran familia que la quiso y atendió , estuve cerca y puedo decir que ganaron en un flujo de dar – recibir lo que la vida nos enseña AMOR

    • Gracias por tu comentario otinado y veraz. En efecto yo creo que la vida nos da muchas oportunidades de dar AMOR y creo que hacerlo es un privilegio. Si tu conociste a Ricarda, algún recuerdo tendrás de ella y su testimonio de esa voluntad de vivir es un ejemplo a seguir.
      Dar a los demás AMOR puede ser prestarles atención cuando quieren quejarse de sus dolencias, hacerles compañía cuando están solos, apoyarlos en los trances amargos y dolorosos, reír y gozar con ellos sus alegrías, orientarlos cuando no saben qué hacer. Yo he recibido muchas bendiciones: 4 hijos sanos y hombres y mujeres de bien; 8 nietos encantadores con los que aprendo cada día algo, una familia amorosa, oportunidad de crecer cada día. Para que entren más bendiciones es necesario que fluyan éstas hacia los demás, cosa que yo hago cada vez que puedo. Un abrazo. María

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